Posteado por: maferreo | febrero 2, 2010

Mi barrio

MI BARRIO

Hace tiempo que vengo buscando barrio. Me he movido en los más bajos, los más populosos e incluso los más sucios. Siempre me he movido buscando algo especial. Cada vez que cambié pensaba que era el definitivo, que me encontraría lo que buscaba.

Me gustaría contaros cómo es mi barrio de ahora, el de mis sueños. Es curioso, es un barrio dónde lo fácil se hace difícil para que parezca más complicado y más auténtico. No llevo mucho tiempo, pero quiero haceros partícipes por un rato. Os contaré cómo son mis vecinos.

En los alrededores de mi barrio, en estos tiempos hay personas a las que me dan ganas de no saludar, pero que también saludo porque he decidido hacerlo, yo soy muy mío. ¿Qué quienes son, decís?, pues citaré algunos, ¡y por categorías, eh!, ¡que son demasiados!

Los hay que jamás han estado en un grupo de trabajo, ni siquiera en la escuela, y se permiten escribir sobre el trabajo en equipo. Están los que hablan sobre organización y formas de llevar un empresa y lo más cerca que han visto una ha sido en el periódico. También los hay que no saben dónde están y menos aún dónde van, pero se permiten hablarnos de objetivos vitales y espirituales. Están aquí algunos que nunca han guardado nada, y se permiten hablarnos de lo que tenemos que mantener y cuándo y cómo hemos de hacerlo. Ésos que no han hablado nunca en su junta de vecinos, y pretenden darnos clases de oratoria. Hay otros, que a duras penas escriben un email decente y pretenden enseñarnos a escribir a todos.

Todas estas personas me aturden, son estridentes. Sólo hacen ruido. Yo, que me cambié de barrio porque pensé que el anterior era inhabitable.

Mi barrio también está lleno de hechiceros que no hacen historia, y que como mucho forman parte de ella, y a duras penas. Adoptan muchas formas. Algunos se permiten el lujo de tener convicciones porque se mantienen al margen. Los hay que adoptan ésa forma que hace que puedan creerlo todo sin cuestionarse nada y, los menos, que si llegan a cuestionarlo acaban conformándose y ya no más.

Ese ruido que, curiosamente, también me reconforta, al saber que, aunque no tenga suficiente talento para la expresarme, ellos jamás se enterarán. Adopta muchas formas, de las cuáles la mejor, es la que nos hace daño al oído.

Es un ruido que pretende llenar todo el espacio disponible. Un ruido sibilino, como el que hace el cuchillo cortando mendrugos. Ése que hace que ahora no se si estoy hablando de ruido o de mendrugos. Tal vez éstos y los ruidosos tengan algo que ver.

Y visto el panorama de mi barrio, no se si soy auditivamente deficiente, si hay muchos mendrugos o vivo en el barrio equivocado. Tal vez he vuelto a tener mala suerte con mi nuevo barrio.

Pero ¡escuchad!, en mi barrio también hay tipos decentes. Hay algunos tipos que nos hacen la vida fácil. Los hay que siempre están ahí, no importa dónde estés tú, están contigo. Los hay que no van de nada y no se hacen los importantes, porque no lo necesitan. Hay otros que no se dejan vencer por las pegas, que sólo dependen de su voluntad. También están los hay que siendo íntegros, no lo pregonan.

Creo que bien pensado, no tengo tan mala suerte. Realmente no se si hay suerte, ¡no me interesa! Lo que si creo es que cada situación tiene su propia esperanza. Dónde hay un grupo humano, que forme barrio, las esperanzas se multiplican y generan una explosión de probabilidades.

Oigo susurros de los que son tan importantes para todos. Y son importantes porque no se pasan la vida en reuniones tratando de resolver todos los problemas del mundo, simplemente trabajan todos los días, ¡con el trabajo que eso cuesta!. Oigo voces de los que no escriben libros vacíos, de los que no dan cursos con nombres rimbombantes y carentes de contenido y de los que opinan sin querer llevar siempre razón.

De los que no pretendéis saberlo todo y reconocéis vuestra ignorancia. De los que no estáis siempre bajo la luz de los focos, llenos de maquillaje y representando el papel que no os corresponde. De los que os permitís decir que ignoráis cosas. De los que tenéis miedo y aún así seguís adelante. De los que no sentís la necesidad de ser malos porque estáis más allá de eso. Éstos y otros, formáis parte de mi barrio.

Conozco a un personaje imaginario que dice que no nos podemos fiar de ninguna persona que se fiable. Yo no me acabo de fiar de lo que me dice porque me parece un tipo raro. Aunque ya se sabe que todo el mundo es la persona rara de alguien. Pues así es mi barrio. Raro. Hay mucho ruido, pero no tanto para llenar todo el espacio disponible, aún hay sitio para ti. Constituyes mi esperanza, no quiero volver a cambiar de barrio, ya son demasiadas veces.

Sí, sí, ya sé que mi barrio es sólo un barrio. En él, ahora hay mucho ruido, pero con personas como tú, mantendré la esperanza. ¡Sí!, esa clase de emoción que hace que los ojos te brillen. Y ahora me relucen, y me escuecen y están húmedos. Supongo que algún día será un barrio tranquilo. Sólo si se llena de personas como tú. ¿Quieres venir a mi barrio?

Manuel, enero de 2010


Responses

  1. ¡Vale! ¡Voy a tu barrio! Pero de visita. De momento no me apetece cambiar. Mi barrio es parecido al tuyo. Y hace muy poquito que he empezado a conocer a mis vecinos. De momento seguiré aquí con mis ojos bien abiertos. Como tú. Un abrazo. Geles


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